miércoles, 9 de mayo de 2007

VENGA UN PIQUITO.
Como los restos que se acumulan después de la fiesta y nos recuerdan lo buena que ha sido, aquella rave en Benidorm, las latas vacias de cerveza y el olor a detergente, los cuerpos hacinados a la sombra con ganas de que les den una buena manguera, el careto de Antonio Vega nos devuelve todas las sensaciones juntas y una imagen de superviviente a cualquier precio recien salido del saco de dormir a quien el ruido parece haber despertado, tras una buena juerga, veintipico años más tarde. Ahora le dirán que en el sueño le ha ido dejando solo medio equipo, el Urquijo, el guitarrista de los Burning, todo Tequila menos uno, que le han robado la cartera y que alguien sin su consentimiento cedió un día los derechos sobre La Chica de Ayer. Un mal sueño. Del que te despiertas, sin dientes, con los huesos hechos polvo, y el pelo teñido porque por lo visto te estaba quedando blanco y alguien se tomó la molestia de oscurecertelo al color que tenía aquella noche, cuando empezó la fiesta, todos bailaban y alguien bromeó con esa idea, la de verse aquel momento en el que haya pasado todo, vaya flipe, yo quiero morir joven y ahorrarme los intereses del asunto, el morbo, la decadencia y las cotizaciones a la seguridad social.

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