domingo, 18 de marzo de 2007


LOS DOMINGOS, DERROTA.

Todas las derrotas le hacen a uno pensar, enfrentarse cara a cara con sus peores presagios, otra temporada sin títulos, y retroceder en el tiempo treinta años, hasta la simiente más puta, aquel momento fatal en el que uno se comprometió inutilmente con la idea de fastidiarse los domingos a cambio de nada, por el simple placer masoquista de hacerlo. Pesan siempre más las derrotas que los títulos. Treinta años sin ganar la copa de europa y tres ediciones casi consecutivas haciéndolo no bastan para aliviar el dolor de una eliminación en octavos por el Monaco de turno o para seguir soñando con aquel gol de Elber que nos dejó en la puertas. Recuerdo más las derrotas en el Palau que cualquier triunfo por brillante que fuera, aquel con canasta postrera de Burke incluido. Siempre se convive más tiempo con el miedo al fracaso que con la esperanza de revivir cualquier éxito. Y así hasta el infinito. Parezco Nick Hornby. Los domingos por la tarde le pasan a uno la factura del fin de semana y un resquemor que el lunes convertirá de nuevo en ilusión y engaño. Sabía que perderíamos en el Palau, pero el martes será otra historia.

No hay comentarios: