viernes, 14 de mayo de 2010

YO ENTRENABA A ROQUE III.
Existen indicios para pensar que estabamos ante alguien especial. Antonio Ozores sobrevivió a su propio estereotipo y vivió de esto toda la vida, encasillado en el mismo papel y sin ningún ánimo por salir del mismo, incapaz de pronunciar correctamente ni una frase. Participó en Yo hice a Roque III, Tres suecas para tres Rodriguez o Un Rolls para Hipólito, entre muchas otras. Silencio. Hizo cine, teatro y televisión. Sus apariciones en el Un, dos, tres me animaban a trasnochar, esperando sus frases, siempre las mismas, a soportar a Bigote Arrocet y a la Bombi, no me iba para la cama tranquilo hasta que llegaba el tío y soltaba su impronta. La historia de este país podría seguir el recorrido de sus papeles y sus gracietas. Por fin ya somos europeos, decía. Por el tanatorio pasó hasta el apuntador. La verdad es que llevaba veinte años sin hacer una película. Aquí queda una filmografía gloriosa como secundario para quien la quiera, con paciencia, recuperar. Y el recuerdo a un actor único e involvidable.

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