sábado, 9 de enero de 2010

CHEZ LEON.
Acabo de llegar de Bruselas. En el aeropuerto había una buena pelona. La nieve cubría todas las pistas y pensé que me iba a tener que quedar allí hasta mañana. Había una tía teñida de pelirrojo que estaba sentada detrás de mí en el avión y se quejaba amargamente del retraso y de que nadie se molestara en desperdiciar con ella unos segundos, en darle explicaciones en su idioma, como si acaso hiciera falta un croquis para comprender aquéllo. En la Rue des Bouchers se comen los mejores mejillones de la zona. De todas las formas. Los hay en sopa, con ensalada, pasta y con patatas, las frites que te venden como si ese aceite que hubieran volcado en la sarten llevara todo el día esperandote, precisamente a tí. Están muy buenos. Pero no sé si serán éstos los mejores. En Galicia yo he comido mejillones que seguramente harían replantearse a Roy Batty el sentido de su existencia.

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