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miércoles, 15 de diciembre de 2010

TENDRÁ QUE HABER UN CAMINO.
He conocido más de Morente en estos dos días que en quince años. A la persona que ahora se esfuerzan por recordar los medios. Ese mismo que veíamos posando con traje en las fotos, con americana oscura, muy serio, al que adelantabamos hace tiempo la condición de mito de la que para conseguirla sólo le separaba una muerte temprana como ésta. La muerte, a secas. Será porque nunca se preocupó por aparecer demasiado en la tele o porque, directamente, su vida o su carrera, de la que todos hablan ahora con tanta propiedad, nunca interesó. Me mola la imagen esa suya con la que aparecía en uno de esos programas de canal plus en una taberna de Granada, comiendo con Juan Diego, tocando con los dedos la felicidad, mientras cantaba en la sobremesa con un vaso de wishky en la mano. El flamenco está de luto, claro. Pero también los indies a los que pilló de sorpresa en aquel disco que firmó con Lagartija Nick en 1996 o acompañando a Los Planetas en la Leyenda del Espacio estamos hoy un poquito más tristes. Me quedé con las ganas de verle en directo. Su actuación en el Teatro Arriaga, que tenía programada para el día 13 de diciembre, fue finalmente cancelada.

lunes, 18 de octubre de 2010

APLASTA ARTECHE.
Hay recuerdos que dan la razón a quienes piensan así. Que cuando el futbol aun era un deporte de hombres y los futbolistas no se disfrazaban de nenazas ni se preocupaban más de las cremas o del acondicionador del pelo que del juego, había algunos que incluso llevaban bigote y entonces se ganaban bien la vida repartiendo. Sería porque no se habían introducido en el futbol conceptos de esos modernos y los defensas no jugaban el balón o le pegaban de espuela. Los defensas, parece mentira, hubo un tiempo en el que jugaban a eso mismo, a defender, a que no se acercara ni dios por el area o que el que tuviera la estúpida osadia de hacerlo no se marchara con ganas de volver. Se marcaba al bulto y se trataba el balón con desprecio. Sin contemplaciones.

De Arteche me viene a la cabeza una lesión en un pómulo, un derby calentito contra el Madrid, uno de ésos, que no sé bien si fue que la provocó o que (de rebote en algún corner) le tocó tenerla. Da lo mismo. Aquello era un circo de gladiadores. Que se rematara un balón colgado al area o se apuntara a destiempo sobre la cabeza de Maceda no encerraba ninguna diferencia. Hubo más como él. Algunos le emularon. Y otros renegaron de aquella forma de vida. Joder: Alexanco, Benito, Migueli, Patxi Salinas, Diego o Martagón. Y ahora hablan de Van Bommel o De Jong. Lo daban todo por el equipo. Aplasta Arteche. La pancarta del Frente Atletico del sábado reza como un epitafio.

domingo, 20 de junio de 2010

DICEN QUE FRANK BOOTH HA MUERTO.
No hay ninguna esperanza de que nuestro recuerde aspire a mantenerse en las conversaciones más de una tarde, si dos semanas después ya nadie se acuerda de Frank Booth ni tampoco de Dennis Hopper. Tampoco nadie dijo que hacerlo fuera imprescindible. Mucho mejor. Ahora mismo voy a tomarme algo con el primero. A intercambiarme postales con Tom Ripley. Tanto viaje en moto y tanto poner cara de malo para terminar, finalmente, como todos.

viernes, 14 de mayo de 2010

YO ENTRENABA A ROQUE III.
Existen indicios para pensar que estabamos ante alguien especial. Antonio Ozores sobrevivió a su propio estereotipo y vivió de esto toda la vida, encasillado en el mismo papel y sin ningún ánimo por salir del mismo, incapaz de pronunciar correctamente ni una frase. Participó en Yo hice a Roque III, Tres suecas para tres Rodriguez o Un Rolls para Hipólito, entre muchas otras. Silencio. Hizo cine, teatro y televisión. Sus apariciones en el Un, dos, tres me animaban a trasnochar, esperando sus frases, siempre las mismas, a soportar a Bigote Arrocet y a la Bombi, no me iba para la cama tranquilo hasta que llegaba el tío y soltaba su impronta. La historia de este país podría seguir el recorrido de sus papeles y sus gracietas. Por fin ya somos europeos, decía. Por el tanatorio pasó hasta el apuntador. La verdad es que llevaba veinte años sin hacer una película. Aquí queda una filmografía gloriosa como secundario para quien la quiera, con paciencia, recuperar. Y el recuerdo a un actor único e involvidable.

martes, 13 de abril de 2010

TE ESCUCHO LEJOS.
Posiblemente fue la voz de mis padres la primera que escuché. La de Juan Manuel Gozalo es casi seguro una de las primeras que recuerdo. En realidad, la de mis padres y la de Gozalo compartieron el mismo espacio de la casa gran parte del tiempo, coincidiendo con la emisión de Tablero Deportivo o de Radiogaceta, y se entremezclaron durante muchos años en los que costaba separar las unas de las otras y hacer un esfuerzo por filtrarlas, en el coche camino de vacaciones, para que su crónica llegara entre las voces y las interferencias de otras emisoras limpia al oyente, después de cenar o antes de ir para la cama. Mi madre tenía mucha rabia a Gozalo. Ya está ahí otra vez, decía. Toda la vida en Radio Nacional, así es como yo lo recuerdo. Narraba los partidos con un sentido del ritmo impresionante. Analizaba la actualidad con mesura e informaba de casi todo. Los tiempos modernos le hicieron un favor porque las carencias de sus compañeros de profesión engrandecieron sus virtudes. Que eran muchas. Y su voz fuerte se hizo cada vez más baja, por culpa de un cancer y del dedo que movió el dial de la radio buscando otra emisora con la que llenar el enorme hueco que nos deja.

lunes, 15 de febrero de 2010

POR UNA MUERTE DIGNA.
Si es difícil protegerse de los homenajes en vida, cuando te mueres ya ni te cuento. Todo son muestras sinceras de cordialidad y afecto, que me lo creo, pero lo único que te salva es no estar vivito para verlo. El partido o el concierto para recaudar fondos, la camiseta conmemorativa o la reunión de amigos. Cuesta siempre más trabajo imaginarlo que ser testigo del escarnio. Cobrar los royalties por el disco de versiones de Pitingo que sentarse a esperar el recopilatorio y las descargas. No puedes escoger ni tienes una vara para evitarlo, es lo malo. Los herederos, los peores. Algo de eso debía de pensar Alexander Mcqueen al sentarse a ver las mañanas de Ana Rosa el viernes por la mañana y ver a la presentadora mostrar sus condolencias con una camiseta diseñada por el inglés, su manera de darle las gracias. Que me dejen morir tranquilo.

sábado, 17 de octubre de 2009

JUGÓN.
Hay una finísima relación entre los recuerdos y el tiempo. Hoy siento que he perdido la mayoría de aquéllos momentos ahora que me entero de que Andrés Montes ha muerto y de que su figura pertenece desde hace unas horas al mismo pasado en el que amontonaba hasta ahora sus recuerdos. Cientos de retransmisiones y un puñado de anécdotas que siempre tendré en mente cuando vea un partido o pise un restaurante. Queda su actitud frente a la cámara y su manera de ver la vida. La que deja con poco más de 50 años. No era tan mayor, pienso. Recuerdo sus apuntes desde el Polideportivo Magariños a mitad de los 80, sus viajes con el Madrid en Copa de Europa. Y sus retransmisiones de NBA, claro, con Daimiel, que le trajeron la popularidad y la gloria y le ocultaron el porvenir que le aguardaba esperando, tres años más tarde, con todas las facturas que su personalidad injustamente le iba a hacer pagar. Era un fantástico narrador y un pésimo comentarista. O al revés. No sé lo que vio en él La Sexta cuando lo fichó. Odiado y admirado a partes iguales, he leido esta mañana. He perdido momentos que hasta ahora mismo pensaba que ni siquiera me pertenecían. Y me siento además muy triste y tremendamente viejo.

miércoles, 7 de octubre de 2009

CONEXIÓN ASTURIAS.
Supongo que toca recordar a Emilio Tamargo por todo lo que representó y no por lo que fue. A mí aun me quedan los rescoldos de aquélla prejubilación retardada donde confundía los ciclistas y luchaba contra el silencio, haciendo equilibrios por no quedarse callado y hablar del tiempo. En una etapa del Tour o en la visita del Papa a Covadonga. Sería injusto valorar su trayectoria por sus pifias junto a Angel Maria de Pablos y no detenerse en lo que hacen estos días los que le conocieron, su calidad humana y los guebos que tenía que ponerle para hablar bien del Sporting y disimular sus colores. Porque crecimos con el cuento de que no era del Oviedo. Pero todos lo sabíamos. Y ahora, con su muerte, la banda sonora de todos aquellos años donde compartía escenario con Maxi Alberto Rodriguez, José Luis López del Valle o Fernando Losada, todos nos sentimos un poco más viejos.

jueves, 10 de julio de 2008


AHORA FELIZ, FELIZ.

La segunda y última vez que vi a El Niño Gusano tocar en directo fue en Benicassim. Era el verano de 1.997, hacíamos cola por entrar en el recinto. Entonces las colas tampoco eran como las de ahora. Ni las colas ni los grupos del escenario grande ni los precios de las cervezas. Oscar había lanzado su red en la playa y se había traido a cuestas a una niñata de dieciseis años que esperaba impaciente a Damon Albarn. Y cuanto más me hablaba la niñata de una amiga a la que esperabamos en dos minutos y que me prometía la felicidad de los anuncios del periódico de los domingos, después de la sección de empleo, más gente entraba para hacerse sitio frente al escenario y menos quedaba para que pasaran los dos minutos, llegara la amiga y el Niño Gusano empezara a tocar. La precipitación hizo que pronto empezara a dejar de prestar atención a la niñata. O por querer abarcarlo todo dejé de enterarme bien de nada. Pero apenas recuerdo que recien avancé entre la gente siguiendo un impulso y dejé atrás a Oscar, una señora que dijo ser la madre de aquella tía apareció para reprocharle que era un salido y entonces sonaron las primeras notas de Mr. Camping. A la mierda, me dije.

Ayer murió Sergio Algora. Decir que fue uno de los grandes no hace justicia a su legado ni a todo lo que era. Nadie dijo que el invento fuera justo. A la salida del concierto Oscar me tranquilizó y me dijo que la amiga llegó a los dos minutos, era fea y pesaba ciento veinte kilos.