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miércoles, 5 de octubre de 2011

KATARINAHISSEN.
No tiene nada que ver con la casualidad. La casualidad son otras cosas. Tropezarte en un puticlub con tu jefe o lo de las historias de Julia Roberts. El caso es que El Premio es una de mis películas favoritas. De siempre. La ponían en la tele y me quedaba embobado viendo como puteaban a Paul Newman. Crecí obsesionado con el inexpresivo rictus de Darani y con el encanto de Elke Sommer. Hay un grado de voluntariedad forzada que impide hablar de casualidad a que el sábado haya comido en el restaurante del Katarinahissen, el mirador que domina la parte sur de Estocolmo, al pie de Soderlmann, desde donde el escritor que interpretaba Newman acabó zambuyéndose en las aguas del Báltico. Hay unas vistas espectaculares, puedes subir en ascensor o hacerlo por detrás de la colina, a través del Mosseback, que es una plaza que se llena de flipadillos los fines de semana. El restaurante no está mal, Erik Gondolen se llama, pagas por las vistas y por darte el capricho de imaginarte a Andrew Craig caminando por sus mismas escaleras, antes de recibir el Nobel. Yo estuve allí, podré decir cuando la vea.

jueves, 2 de octubre de 2008

EL ULTIMO MEJOR ACTOR.
Una vez escuche una entrevista con el actor de doblaje que le ponía voz a Marlon Brando. Rogelio Hernandez se llamaba. Y hablaba de su muerte. Esta gente no esquiva la popularidad ni todas esas gaitas ni vive en un anonimato desmedido que les hace merecedores de juicios cautos ni pasa del protagonismo y los billetes esos verdes y prefiere el reconocimiento profesional de sus colegas antes que un jacuzzi en las Islas Papua o un descapotable. Como todos. Son tan humanos estos actores de doblaje que ofende escucharlos en la pantalla o en una emisoria de radio. Y jode aun más su estúpida ambición y su soberbia. Que una cosa es ponerle la voz a Brando, Nicholson y Newman. Y otras muy distinta es creerse Harper, investigador privado, empuñar la pipa en el bar, o Felson el rápido.

Me entere de la muerte de Paul Newman por la prensa. Como Rubalcaba y muchos otros. Y me dormí en el avión imaginándome la voz del hijoputa que se permitió ponerle la voz en algunas de sus mejores películas y fantaseaba ser comó él, beber su whisky, compartir cama con Joan Woodward. Su voz se va con él. Menos mal que ya solo le queda Nicholson.