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lunes, 3 de mayo de 2010

RICARDO PRIMERO.
No hay malas historias. Lo que hay son personajes coñazo que siempre están girando sobre la misma rueda y amenazan con hacerlo eternamente, viajando en el tiempo o en futuro perfecto, y si hace falta en todas las conjugaciones. Qué desgracia tropezarse con Kate. Ha sido ver los episodios protagonizados por Richard (Alpert) y Desmond (Hume) y tengo las pelotas rotas. La del primero se había hecho de rogar más de tres temporadas y cumple las expectativas. La ausencia de Desmond durante año y pico es que no se explica. El caso es que me he vuelto a reenganchar a Lost.

lunes, 15 de marzo de 2010

OTRO QUE ESTÁ HARTO DE LOST.
Dudo que fuera este el objetivo final de los creadores de Lost, acaso alguna teoría rocambolesca también lo comparta, pero bueno. Que lo han conseguido. Tengo todas las respuestas que necesitaba y nada alimenta más preguntas ni me pide explicaciones sobre la serie que no haya deshechado antes. Y es que seis temporadas más tarde la trama, los viajes en el tiempo y el futuro de los personajes y lo que hagan o dejen de hacer dentro o fuera de la isla no me interesa nada y solo me produce hastío. Y que si ya no me interesa nada de eso es porque todo lo que tenía que saber sobre el tema lo doy por sabido.

Que Jack soporta atormentado un sinvivir que le generó algún trauma infantil que acaso me explicaron en la primera temporada y no recuerdo, pero que sabiamente imagino. Que a Kate le mola correr. Coger el macutillo y jugar a los exploradores calentándole la polla ora a Sawyer ora a Jack, quien ya tiene bastante con el trauma como para preocuparse además por Kate, a quien este comportamiento confunde aun más y le hace poner -continuamente, y hasta seis temporadas, por una media de veinte capítulos, para un total de ciento veinte- cara de pena. Que los coreanos andan a romper un piñón. Que Sayid maldice la hora en la que comenzó a torturar y sufre un sinvivir (otro más) con una tía más bien fea a la que nunca será capaz de poseer. Y que toda esta exposición de circunstancias, que en fila de a uno, contadas oportunamente con sus flashbacks y sus monerías, que me interesaron tanto, me repiten ahora por sobreexposición lo mismo que pueda hacerlo cualquier canción del verano o el mejor tema de Leonard Cohen escuchado repetidamente hasta la extenuación imposible.

Que la respuesta no es la repetición, de acuerdo. Pero que tampoco me preocupa cuál pueda ser. Que me da igual. Si el humo es el padre de Jack, como he llegado a leer, o si las lineas temporales paralelas responden a un motivo que le dará sentido a todo y justificará las dos temporadas y media que se llevan de cachondeo. He disfrutado como un enano con las tres primeras y no quise ver lo que entonces debería de haber previsto en ese punto. Colmar aquéllas expectativas iba a resultar imposible.

Voy a seguir la serie hasta el final, casi seguro, pero necesitaba escribir esto. Estoy cansadito del tema.

sábado, 17 de enero de 2009

LA QUINTA TEMPORADA DE LOST: QUE NO TE LA CUENTEN.
A estas alturas ya no debe de quedar nadie que no lo sepa. El día 21 de este mes empieza la quinta temporada de LOST. Que no sepa eso, quiero decir, lo necesario, y lo prescindible que se podía haber ahorrado de saber y que no le aporta nada a lo que viene. Para alguien a quien el p2p y las descargas le sudan abundantemente la polla todo este rollo nuevo que ha parido la nueva generación de adictos a las series (ya sé que podría ser peor) y que responde al nombre de espolier es una gran putada. Empecé a ver la cuarta temporada sin ignorar el desenlace y con todas las respuestas a las incógnitas que planteaba la anterior desfilando juntas a tomar por el culo. Un día un link me llevó a otro y éste me mostró una foto del famoso ataud. Por no hablar del carguero, de la conversación telefónica de Desmond o de las movidas de Hurley, Sayid o Jin. No estoy dispuesto a que una de las grandes series de todos los tiempos se reduzca a un puñado de preguntas o a que las respuestas imprevistas a esas dudas me priven del placer de alimentar nuevas incógnitas que ningún espoiler tenga la generosidad de explicar. Si Lost ha sido capaz de sobrevivir y superarse a sí misma y a su éxito, a la complacencia tamprosa de tanta devoción incondicional y a una cuarta temporada, para qué nos vamos a engañar, bastante floja, no sé por qué yo no podría hacer lo mismo.

lunes, 19 de mayo de 2008

NO ERA EL BARCO DE PENNY.
De pequeños todos queríamos ser como Laguía. Teníamos madera de perdedores, vaya. Alguien que colma sus aspiraciones ganando el premio de la montaña no debería de ser de fiar ni digno de compartir aspiraciones comunes a esa, como ser Pancho el de Verano Azul o Donovan, y permitir que otros pudieran ocupar el lugar de los que no se conformaran con atacar simplemente en los puertos de tercera categoría y se quedaran luego descolgados en la primera cuesta. Me imagino a todos los críos siguiendo el ejemplo de Jack, aspirar a ser como él, con una tía en cada puerto y la botella a mano, hoy que nadie estudia ni tiene en la cabeza planes con un recorrido mayor que un fin de semana ni seis años para licenciarse y sacar tiempo para despachar milagros. Y de repente Jack ha pasado a caerme bien y la compasión que me despierta su mala suerte me impide recordar que durante algunos capítulos pensaba de él justamente lo contrario.

Todo es culpa de su licenciatura y del final de la tercera temporada, supongo. De la voluntad del que ha querido ver en la isla una razón para detener el tiempo e impedir que el curso de las cosas avanzara entre disgustos hacia el destino que le esperaba, subido a aquel avión. No había prisa por volver, hombre. Siempre hay motivos para temer que a un accidente de avión puedan seguirle cosas peores, una enfermedad o un divorcio, y desconfiar de los golpes de suerte que no te dejan tiempo para preverlo. En el último capítulo, se terminan los mensajes de falso optimismo y se abre una puerta sincera para la fatalidad. De buena se ha librado Charlie. Que muerte más chula. Mira que te lo dije.