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domingo, 24 de julio de 2011

QUERIDO ALBERTO.
A todos les gusta mucho decir eso de que la etapa fue como las de antes. Son ganas de decirlo. Aunque no sea así, la verdad. Porque las etapas de antes nunca vuelven y lo unico que permanece entre todos los que se apresuran a decirlo son simplemente eso, ganas de tener presente en la memoria aquello que ocurrió cuando la memoria ya falla y lo único que queda son la remotas posibilidades de repetirlo. Bajaba en el coche de trabajar, escuchando a Javier Ares. Habian comenzado la ascensión al Telegraph. Qué palabras: ascensión, Telegraph. Lo dice con tanta fuerza que dan ganas de volver a coger la bici. Hacía años que no escuchaba la retransmisión del Tour en la radio, supongo que tuve que haber imaginado que Ares seguía al frente de todo el equipo de Onda Cero, sigue siendo el mejor en lo suyo, o pude haber interpretado aquéllo como un signo: las tardes en la playa, la radio en el coche, los comentarios de Javier Minguez (aunque éstos ya fueron posteriores a la época que primero me viene a la cabeza). Alberto Contador recuerda bastante a Perico. Ambos padecen ese grado de infortunio suficiente que les acerca a una categoría intermedia entre la divinidad y el resto del pueblo. Gusta más que Indurain, tan perfecto. Dicen que se recuerda primero el palmarés, luego el resto. Y una mierda. Las etapas de los Alpes en el tour que se termina (la pajara, la proeza inconclusa) son desde hace dos dias historia viva del recuerdo.

lunes, 27 de julio de 2009

SEGUNDO PREMIO.
El protagonismo de los últimos vencedores se ha cotizado bajo en el Tour, que ha repartido caprichosamente la gloria de la manera más estúpida que la misma organización o sus circunstancias le han permitido. Nadie se acuerda ya de Pereiro, no digamos de todos los lideres que circularon espectralmente por aquélla edición, que salpicó de mierda a medio pelotón y castigo con la ignominia al otro medio. Mal año para ganar. Ese y los que vinieron después. Creo que era Rasmusen el que lideraba la prueba y permitió que Contador llegara lider a Paris. Aquel Tour no fue de Alberto, sino de aquél. De Rasmusen. Igual que el anterior. De Vinokourov. O de Landis. Lo dicen mis recuerdos. Por lo que sea, porque Pereiro se arrastra desde entonces lastimosamente en cada cuesta o Valverde tuvo que conformarse este año con verlo por la tele, nadie es aun tan tonto como para tragar con todo y no hacerse preguntas que pongan luz en las sombras más evidentes. Y es que no hay tanta para poder iluminarlo todo.

Este tenía que ser el Tour de Armstrong. Un tío que ya ganado siete veces la carrera y aun se enfada cuando ve desde la salita de casa a otros compañeros repartirse la gloria. Tiene que ser el mío, pensaba él antes de empezar. La frontera esa tan difusa entre el ganador incombustible al que no le gusta perder ni a las chapas y el fantasma juega a favor del americano, a quien de lo contrario habría que moler a palos por esto último y por desconocer la mínima diferencia entre el incorformismo y el ridículo. Este tenía que haber sido el Tour de Contador. La historia ya le debe dos. Tal vez el del año que viene sí sea el suyo.

martes, 15 de julio de 2008


LOS COLOMBIANOS YA NO SUBEN.

Si habrá cambiado el ciclismo moderno que ahora en las cuestas uno puede encontrarse con holandeses, australiano y rusos, guapos, rubios y de unoochenta cada uno, que en lugar de ciclistas parecen matones o traficantes de armas de la costa de sol. Ya no hay colombianos en el Tour y casi nadie se acuerda ya de las gestas de Parra o Herrera, cuyo recuerdo se confundirá en un par de años con el de esos momentos épicos que alguien nos contó y que cuesta pensar que fueran ciertos, el del ciclista que subía el puerto con una maleta a cuestas o el del que se paraba en el alto para tomarse un helado. Pero yo vi a Lucho Herrera reventar el pelotón y me harté de escuchar a los locutores de Radio Caracol celebrar sus gestas. Eran otros tiempos. Ahora los rusos compaginan el trapicheo y la trata de blancas con los pedales, gracias a las treinta y cinco horas semanales. Y los del café de colombia siguen esperando que Mauricio Soler desmienta lo que muchos pensamos. Que a lo mejor han encontrado otras maneras de hacerse ricos.