Mostrando entradas con la etiqueta fantasmitos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fantasmitos. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de agosto de 2011

PERO LOS FANTASMAS NO ERAN GENTE HONRADA?
El día que les dio por hacer que todos los fantasmas fueran buena gente, ese día, la jodieron. Como suele pasar en estos casos empezó uno y siguieron todos los demás. Lo de la originalidad es otro tema. Las películas de terror parecían fiestas de cumpleaños. Los fantasmas (fantasmitos, mucho mejor) eran siempre gente atormentada, nada escabroso, tenían deudas con la seguridad social, un ERE en curso, y alguno sobrevivió para acampar en Sol o celebrar el mundial de Sudafrica. Gente corriente. En Insidous no sigue todo igual, menos mal, como se empeñan muchos en decir. De entrada, los que salen en esta película, la última de James Wan, se gastan muy mala uva, nada de corazoncitos ni emoticonos para describir su estado de ánimo y disfrutan puteando al personal. Por eso (por regresar la figura del espíritu al verdadero lugar del que nunca lo debieron de haber sacado) y por triturar con acierto un batido de tópicos que cumplen sobradamente su objetivo (da miedito, vaya), esta debería de ser una de las películas del año y la semilla para que vayan despertando de la siesta todos los que se durmieron por el camino.

domingo, 21 de noviembre de 2010

MIEDO DE BELÉN.
Hay actores encasillados en papeles. Y otros que se empeñan en convertirse en la denominación de origen de un género, con la estrellita de marca registrada en la solapa, como la chaqueta de un coronel del ejercito, creyendo que así se hacen imprescindibles y que nadie se puede olvidar de ellos, cuando en realidad lo único que provocan al espectador es cansancio o risa. La repetición está comprobado que sólo lleva a cosas malas. Para ser Paul Naschi o alguien así necesitarías nacer de nuevo. No recuerdo que nadie se refeririera a Paul Naschi o la historia del cine piense en John Wayne o en Victor Mature como en unos coñazos. Y en cambio Belén Rueda sí que lo es.

Hubo una época en la que Belén lo tuvo que pasar mal. Entonces aun no había pensado nadie en ella como protagonista de dramas sobrenaturales. Se acababa de operar las tetas y posaba siempre en los planos con los brazos cruzados, vestía jerseys de cuello cisne, y mostraba preocupación, arrugaba la frente, posiblemente porque no estaba la mujer convencida. El que la vio y pensó que podría dar bien el papel éste se lució. Las tetas la llevaron primero a otra cosa y la otra cosa la puso luego en mansiones de tres pisos, la hizo madre de chiquillos malditos y le quito la vista. Sólo le queda revelarse ante el destino, que le arrebaten los papeles, y refugiarse ahora en alguna de esas casas encantadas, compinchada con los espíritus, para que le dejen (eternamente) trabajar en paz.