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domingo, 19 de diciembre de 2010

MILAGRO TUCKER.
Ahora puedo asegurar que no es para tanto. El placer de la victoria, quiero decir. Que si la proporción que guardan la decepción por la derrota con el sabor del triunfo es ésta, por mí que se la lleven toda y que me borren de mi historial los siete partidos anteriores en los que antes había visto palmar al Real Madrid en el Buesa Arena. Toditos. Uno a uno. Que no merece la pena, hombre. Me pasó con lo del Mundial y me va a estar ocurriendo eternamente, como una maldición que espera reencontrarse con puntualidad con uno mismo y te espera paciente, como un calendario cualquiera de vacunaciones. Es verdad que la victoria de ayer no tuvo mucho brillo. Fue inesperada, debería de ser suficiente. Pero no hay una imagen o una jugada imposible (que no sea el triplaco de Tucker o la perdida final de Marcelinho) que me haya conseguido olvidar lo anterior. Que me lo devuelvan todo.

domingo, 30 de mayo de 2010

PLAYOFFS ACB. CAJA LABORAL-REAL MADRID: DAR CERA. PULIR CERA.
Viernes. Primer partido.
Sales de ver un partido como el de ayer y sólo si tu equipo ha ganado recuerdas los imponderables del juego de los que luego hablan en la radio, la defensa de Oleson sobre Bullock y el acierto puntual del tirador de Alaska o del dominio local del rebote defensivo y celebras la superioridad, otra vez más, de las defensas sore los ataques, que ayer no tuvieron precisamente su día. No lo jures, hermano. Si has perdido, no hace falta decirlo, es otra historia. A la mierda los análisis ventajistas y la complacencia barata. Bullock tuvo la posibilidad de adelantar al Real Madrid en la eliminatoria. Y no lo hizo porque el último ataque, el decisivo, ese que merecía una mejor lectura, lo dirigió la mano del mismisimo diablo. Almond se paso los cuarenta minutos en el banquillo. Y Llull es seria duda para el domingo.

Pues eso. Mañana, más. Me encantan los play-offs que se disputan a cinco partidos.

Domingo. Segundo partido.
Y cuando pierdes un partido media docena de veces y te lo encuentras milagrosamente en la prorroga, como que no hay palabras. La magia del basket, qué grandes son los playoffs, escuchas al tío de arriba y en la radio y su puta madre. Pero el caso es que otra vez el Real Madrid ha tenido el último y el penúltimo tiro y algún otro más de esos decisivos para haberlo evitado. Una simple cuestión de justicia para intentar equilibrar esto. Porque el castigo es excesivo. Fue un partido muy parecido al del viernes. Eso de las defensas y el ambiente hostil y toda la pesca, estaba claro. Messina ha recuperado a Velijkovic y a Reyes. Ahora el serbio juega siempre de 3 y parece insustituible, se cascó alguna canasta de mérito y se ganó el cariño de la grada, sin mucho hueco donde repartirlo entre tanto candidato. Bullock sigue sin enchufarla en un caldero (hoy apenas tiró, la verdad) y Llull ofreció un lección insuficiente de casta corriendo dos contraataques a la pata coja que para si hubieran querido Sibilio o Iturriaga. La prorroga fue un tostón. El miercoles se juega el tercer partido y aun hay quien insiste en tirar de estadística para ilustrar con datos lo evidente. Que no llegamos al domingo.